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"EXALTACIÓN DE LA SAETA" |
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La aparición de la saeta como cante flamenco es posible que
devenga de bastantes años antes de su divulgación en
los primeros años veinte, sin que se tenga referencia fidedigna
de su creador, citándose por algunos teóricos a Enrique
El Mellizo como uno de sus primeros intérpretes, junto a otros
miembros de su familia. Hipólito Rossy sostenía la teoría
de que el creador de la saeta flamenca fue Manuel Centeno, frente
a la opinión de otros que la atribuyen a don Antonio Chacón.
Igualmente se ha barajado la hipótesis de atribuirla a Manuel
Torre, sin olvidar a La Serrana —que grabó en disco—
y Medina El Viejo, quienes con los nombrados, La Niña de los
Peines y Manuel Vallejo, fueron intérpretes muy significativos
del estilo en la época de su primer esplendor, junto a su posible
mejor artífice, El Gloria, cuya personalísima interpretación
es la que ha sido más seguida por los saeteros posteriores,
dada su perfecta estructura flamenca desde el ángulo musical.
De la saeta de Centeno deviene la versión moderna, sumamente
recargada de ornamentación y alargamientos de tercios, que
se impuso en Sevilla a partir de los años veinte, llamada artística
y difundida por La Niña de la Alfalfa. Luis Melgar Reina y
Ángel Marín Rujula, en su obra Saetas, pregones y romances
litúrgicos cordobeses, que constituye el estudio más
completo y contrastado que se ha publicado sobre el tema hasta la
fecha, y en el que se analizan todas las formas saeteras tradicionales
desde las antiguas exhortaciones penitenciales hasta las relacionadas
con los hechos sociopolíticos, pasando por las autóctonas
cordobesas, desarrollan una muy meditada teoría sobre la saeta
flamenca, de la que seleccionamos los siguientes párrafos:
«Las saetas aflamencadas nacen en el preciso instante en que
el cantaor flamenco siente necesidad de dirigirse públicamente
a Dios, cantando la antigua tonada, conocida por saeta vieja, y la
reviste, inconscientemente, de perfiles flamencos, de expresiones
propias del flamenco. La saeta moderna se hace totalmente flamenca,
cuando con el tiempo —no en un momento preciso y exacto-, se
fue forjando en el misterio patético de la emotividad flamenca.
Y aunque Mairena afirmó que la saeta no fue nunca un cante
flamenco, lo cierto es que el Cante (con mayúscula), no puede
ni tiene por que ser hermético y cerrado a iniciativas creadoras,
pues la realidad demuestra que cuando se sigue una huella de tradición,
se consiguen frutos plenos de valores flamencos. No olvidemos que
el tradicionalismo ha sido, más de una vez, fuente de inspiración
y no agua estancada... La razón de la creación y existencia
de la saeta moderna, o flamenca, no tiene unas motivaciones exclusivamente
artísticas, como se ha querido ver por algún investigador,
sino que atesora una raíz espiritual; es una demostración
del sustrato religioso latente en el alma gitana. Y esto es así
porque, como dijo Gabriel del Estal: "El flamenco es ya de suyo
una oración..." La saeta flamenca no nace por generación
espontánea, ni eclosión vertiginosa, no es fruto tampoco
de la inspiración de un solo artista creador, sino consecuencia
de una lenta transformación... De esa lenta transformación,
de ir introduciendo tercios flamencos en la saeta antigua, de ir despojándola
de su vieja musicalidad, hasta lograr una forma distinta y nueva,
es de donde surge la moderna saeta flamenca». Seguidamente,
los citados autores recogen el siguiente comentario de Antonio Mairena:
«En principio de siglo llegó a Sevilla una sencilla forma
jerezana que se empezó a llamar saeta por siguiriyas, la que
una vez dentro de la catedral sevillana se convirtió en un
gran cante, con tanta o más dificultad y duende como el mejor
cante por siguiriyas y, por los años treinta, el cante por
saetas había llegado a ser de máxima altura, de gran
desarrollo». Para apostillar a continuación: «Da
pues, Antonio Mairena, un dato para descubrir el origen de la saeta
por siguiriyas, el estilo más importante dentro del grupo de
las flamencas, cuando dijo: "llegó a Sevilla una sencilla
forma jerezana". Melodialmente desconocemos cómo era esa
forma sencilla, no así las letras de las viejas saetas jerezanas,
de las que tenemos muestras: "Como no tenían naita que
hacerle / le escupen y le abofetean / y le coronan de espinas, / y
la sangre le chorrea / por su carita divina." Se aprecia que
el primer verso se alarga, ello, por exigencia del cante, una de las
modalidades especiales que se observa en las primitivas saetas de
Jerez, cuando aún no estaban configuradas como saetas por siguiriyas.
Esta misma saeta, el aposentarse en Sevilla, se convierte en otra
de cuatro versos, aunque conservando la anomalía de ser más
largo el primero». A continuación, los investigadores
enumeran una serie de ejemplos similares y jerezanos y afirman: «Tenemos
ya argumentos suficientes, si no para descubrir el autor de las más
genuinas de las saetas flamencas, sí para saber su cuna: Jerez.
Esta saeta, procedente de esa "sencilla forma jerezana",
donde alcanzó su máxima dimensión artística
y flamenca fue en Sevilla, por eso no estaba equivocado Aguilar y
Tejera cuando escribió: "La saeta, tal como hoy la conocemos,
nace en Sevilla y coincide su florecimiento con el de las cofradías
sevillanas; cuando gremios e instituciones piadosas comenzaron esa
rivalidad, tan fecunda en joyas artísticas, que ha logrado
hacer de la Semana Santa de la capital de Andalucía uno de
los espectáculos más maravillosos de cuantos es dado
al hombre contemplar"». Insertan también la opinión
del compositor Joaquín Turma: «El cantaor flamenco al
apropiarse la saeta, haciendo de ella una pieza de virtuosismo, le
ha dado un brusco cambio de dirección. Nunca como ahora —escribe
en 1928— ha sido brillante, ni más en moda la saeta;
de regional se ha convertido en nacional... Musicalmente se ha bifurcado;
la saeta antigua subsiste, aunque recargada, con profusión
de adornos y melismas y además, los profesionales del cante
flamenco han inventado una nueva forma de saeta, procedente de la
siguiriya, amoldando un poco las fórmulas al sentido, siempre
religioso, de las palabras». Actualmente la vigencia de la saeta
es patente y además de su práctica al paso de los pasos
desde la calle o desde el balcón, en toda la geografía
andaluza, son numerosísimos los concursos que se celebran para
fomentar el estilo, por lo que su número de especialistas es
muy amplio, dándose el caso peculiar de que muchos de sus excelentes
intérpretes solamente son saeteros y no ejecutan generalmente
otros cantes. El interés por la saeta flamenca ha sobrepasado
nuestras fronteras y desde hace varios años, durante la primavera,
se celebran en París recitales de ellas, a cargo de saeteros
destacados.
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